11.9.11

Un barco amarrado
es barco al fin y al cabo.
No le quemes nunca,
quizá únicamente cuando ya huela
a podrido,
cuando sepas que no volverás
a montar en él
aunque esté el muelle abandonado.
La prohibición de quemar las naves
te salvará de más de un apuro.

1 comentario :

Volianihil dijo...

Sin embargo la cuenta del amarre te puede salir cara.