17.4.08

Oh Buchenwald!

Erais cárceles óseas incubando vida en vuestras entrañas.
A vuestro alrededor
miseria,
hambre,
obsceno vapor humano
que se coló en vuestro corazón
-también en el mío- para no salir nunca,
temor por morir, también por no hacerlo.
Visteis, sufristeis indeseables torturas,
torturas indeseablemente humanas.
El frío se hizo cómplice y colaboró en la matanza.
A vuestro alrededor también,
niñitos rubios alimentando osos.
No os conocí pero no os olvido.
Hago mío vuestro sufrimiento, también vuestra lucha.
Hago mío a cada niño que surgió de vuestros vientres de paz
en medio del infierno, l
a clandestinidad en la que decidisteis vivir
- y ésa era una decisión difícil-.
Hago mía vuestra promesa contra el odio
y os prometo mantenerla:
porque la paz y la libertad no vuelvan a ser cárceles óseas.









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